Un mar de gente camina con expresión desesperada, miran al frente sin verse las caras, siguen caminando y no les importa nada. En la esquina, un vagabundo pidieron dinero, sentado en la entrada de un oscuro edificio, está solo, sucio, desamparado. Nadie se detiene a ayudarlo, nadie le sonríe y le da una moneda, cada uno sigue su propio camino. Yo también voy caminando en ese mar de gente, veo las caras, veo miles de frentes, voy calmada, no hay prisa, para que correr si puedo ir despacio disfrutando el paisaje cotidiano?. Voy mirando, analizando toda esa gente sin alma que camina a mi alrededor, monótonas, simples, egoístas. Sigo mirando, unas cuantas caras veo, ojos verdes, ojos grises, pelo largo, gordos, flacos, todos en la misma dirección, caminando a su rutinaria vida, todos iguales, esperando un día llegar a ser felices.
Cuando iba en la mitad de mi camino a casa te vi, eras diferente, ibas despacio, mirando a los lados, amando el claro cielo, sin prisa, sin apuro, disfrutando de lo simple que es caminar por senderos de cemento. Tus ojos se clavaron en los míos, fue el destino, fue un minuto, fue un simple día que nos unió y ahora estoy aquí escribiendo lo que me sucedió aquella mañana del 9 de abril cuando el sol ya empezaba a salir y los pájaros dejaban de dormir.
Paz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario