Irse, llegar.
Muchos de ellos miraban a todos lados, con caras un poco extrañas. De arriba a abajo, de izquierda a derecha. Se notaban cansados, se notaba en calor en sus rostros, se notaba su deseo de llegar a casa.
De pronto sentí un ruido ensordecedor, desagradable. El ruido de poco de acercaba a mi, a nosotros, a ninguno. Las personas que estaban a mi lado comenzaron a empujar como animales. Me asuste, me paralicé. Esto es un lugar civilizado, no un campo.
El aire se iba, me abandonaba de poco, se iba. Entonces todo mi ser reclamaba por un poco de oxígeno. Desesperé. No podía respirar, no podía decirle al de atrás que dejara de empujar. Sólo me quedaba la opción de esperar oxígeno, o de caer, o de no recordar nada. Sólo el destino lo sabría.
Entonces fue cuando caí, pero yo ésto no lo vi, me contaron.
Dicen que fui palideciendo, y el blanco ya no pudo ser mas blanco. Incluso mi vista fue blanca, una luz blanca que me durmió, y no le importó que yo me encontrara en ese lugar. Simplemente vino y me durmió. Fue ahí que me dormí, pero a la vez estaba despierta. Yo no recordaba mucho, la luz bloqueó todos mis pensamientos del momento.
Un hombre fue a ayudarme, me tomó del brazo y la luz se fue. Se sintió acosada y corrió. Comencé a ver la situación, pero no podía articular palabra alguna. El oxígeno aún no llegaba, entonces pensé que mis pulmones no podía aguantar mucho mas.
De poco el aire entró por mi nariz desesperada, y mis morados pulmones recibieron su alimento.
Fue ahí recién en que pude moverme y hablar. Le dije al hombre preocupado, "gracias, estoy bien". Me di media vuelta y continué con mi vida acelerada.
Paz.
