miércoles, 18 de mayo de 2011

Historia de un paradero.

Todos los días esperaba que llegue la fría mañana sólo para verte. Siempre odié levantarme temprano, nunca me ha gustado mi trabajo, pero por ti, por verte solo unos minutos, me puedo desvelar toda la noche, puedo hacer cualquier sacrificio.
Sé que mientras yo te miraba en la parada de bus, tú también lo hacías de reojo, sentía que me sonrojaba, sentía que te dabas cuenta, sentía que sabías lo que yo pensaba de ti, sentía que sabías que te amaba. Eso me ponía nervioso. También a la vez, me volvía loco. Quería hablarte, pero mi personalidad no era suficiente para hacerlo.
Recuerdo ese día y aún siento el corazón saliendo de mi pecho. Yo iba mirando por la ventana del bus, la respiración de los pasajeros empañaban mi ventana, así que no podía ver claramente el verde paisaje. Apareciste tú, radiante, me miraste, sonreíste, y te sentaste al lado mio. En ese instante admiré tu valentía (bueno la verdad es que yo no sabía si tu sentías lo mismo que yo, así que era subjetivo), me comenzaste a hablar de cosas sin valor, pero para mi el hecho de escuchar tu voz ya era un regalo esperado.

Y pensar que desde ese día ya han pasado veinte años... y ahora estamos aquí, en el mismo paradero en el que nos enamoramos, recordando aquellos tiempos, tiempos sin canas, sin arrugas, sin preocupaciones mayores... y puedo darme cuenta que cada vez, cada día que pasa, te amo mas.




Dedicado a la mejor.




Paz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario