Comencé a ver mi pasado más cercano, recordé que estaba oscuro y que había un frío agradable de otoño, iba con ella al lado, la miré por un segundo y luego todo se transformó a negro.
Miré al techo y lo vi más blanco que nunca, supe que ese lugar no era mi hogar, que mi cabeza no podía girar e investigar dónde me encontraba. Escuchaba reiteradas veces un ruido poco agradable que provenía de la misma habitación. Traté de salir, de moverme, de mirar a mi lado y nada de eso podía hacer. Me desesperé. Quise gritar y el habla no salió de mi boca, quería llamarla y decirle que la amaba pero no la veía, no la tenía allí.
En eso, una mujer un poco agitada entró al lugar solitario e hizo algunas cosas que no pude ver, luego el ruido molesto se acabó. Al poco tiempo un hombre un poco mayor entró y habló con la misma mujer, le dio unas órdenes en un idioma extraño, y ella asintió con la cabeza, y yo, como si un encantador hubiese estado frente a mi, me dormí.
La velocidad parecía extrema, nada veía, pues todo pasaba muy rápido. Unas siluetas verdes o azules bordeaban todo mi cuerpo. Las voces con un toque de estrés se interferían por ruidos de unas máquinas que aumentaban aún más mi sordera, luego no sentí más ese dolor reconfortante, ni mis piernas, ni mis brazos... pensé que me desvanecía, cerré los ojos sin querer hacerlo y dormí a largo plazo... sin ella.
Paz.
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