
Logré llegar a la cima. Ahora todo lo puedo ver desde acá. Los sollozos del viento se los lleva el tiempo, y luego las nubes comienzan a llorar. Su pena me llega a la nuca, pero no me importa, porque mi pena le llega al suelo. Ellas envidian a la gente que está bajo sus pies, pues todos están contentos. Eso no les gusta, y lloran. La frustración supera el nudo en sus gargantas. Y eso me llega a mi.
Yo envidio la libertad del viento, que puede estar en todas partes y a la vez en ninguna. Que hace lo que quiere, dónde quiere. Así quiero ser yo. Pero no, tengo que guiarme por una serie de leyes que me impiden ser yo mismo. Eso me frustra, y lloro. Me llega el llanto desde arriba y yo le doy del mio a la tierra. Y ahora he logrado entender a las nubes. Ellas son mandadas por el viento, y yo, por un libro.
Ahora el viento se ha ido, las nubes ya han parado de lagrimear, invitaron al sol a conversar y todo lo que yo antes veía incoloro, ahora está lleno de resplandor. Las nubes están contentas y yo les sigo el juego. Yo ahora estoy aquí arriba, el Everest lo veo a mis pies, estoy contento. Ningún libro se interpone en mi camino, soy libre.
Grito. Aunque no es exactamente felicidad lo que siento, sino que mas bien, satisfacción. Y sé que nadie me escuchará, pues estoy muy lejos de todos. Y sé que ahora nadie me recuerda, pues están pensando en ellos mismos. Y yo pienso en mí mismo, porque sé que si no lo hago yo, no lo hará nadie más.
Creo que por eso estoy acá, y no me puedo elevar más. Tal vez en otra vida sólo pensé en mí mismo, y por eso ahora nadie me recuerda. Y ese egoísmo no me deja avanzar. Estoy estancado. Y lloro. Las nubes siguen felices, pero yo lloro. Siento culpa de lo que alguna vez hice y en todo eso comienzo a pensar. Recuerdo que una vez me enamoré, pero pensé que ella era muy poco para mí. Y se fue desolada, con el viento de invierno. Recuerdo pensamientos alguna vez olvidados, pero que en éste estado todos vinieron a mi cabeza. Y me arrepiento. Pude haber hecho tanto, e hice nada. Ahora me doy cuenta de eso, y me aterra pensar que sea demasiado tarde. Y el agua de mi arrepentimiento cae nuevamente al suelo, desconsolada.
Y de corazón lo lamento, y siento cómo llegan las disculpas desde el suelo. Una luz inunda todo el lugar.
Ahora grito, de felicidad. Y con mis gritos avanzo, y subo. Estoy tranquilo, feliz, libre. Estoy completo. Aunque haya cometido muchos errores, me siento satisfecho. El perdón era lo que me faltaba.
Entonces comencé a elevarme, y prometo, que ésto no era un sueño. Mis pies se despegaron del suelo, y me di cuenta que estaba tocando el cielo.
Paz.
me encantó, esta muy bueno
ResponderEliminarGracias!
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