miércoles, 1 de septiembre de 2010

El encuentro.

La reja azul parece cerrada, la empujo, y ya está. Entro. Es un terreno vacío, todo color tierra y al final del lugar puedo divisar un árbol oscuro. El viento está de sur, hace un poco de frío. Estoy sola, yo y el triste árbol. Es que siempre estamos solos, ¿te das cuentas?, aquí no hay nadie que me escuche, nadie que me entienda, nadie que me haga compañía.
Siento miedo. La soledad me aterra, pero no le digas a nadie, que quiero seguir pareciendo fuerte. Es mi secreto.
Me desespero, no hay nadie a mi lado, estoy perdida y se oscurece el cielo.
Siento un ruido, es la reja que se abre. Volteo a ver quién está en la puerta, tú, eres tú. Te tuve, nos separamos... te necesité, te lloré, te añoré y en uno de mis peores días, vuelves, y le das todo el color a mi vida. ¿Cómo supiste dónde yo estaba? creo que nuestro incondicional amor hace cosas inexplicables a la mente, obvias al corazón. Pero ahora sólo sé que te amo, que nunca te irás, nunca desaparecerás, nunca te alejarás.
Y ahora nuevamente me pregunto, ¿Estamos solos?, sí, pero un día, y solo algunos afortunados encontramos nuestra compañía de por vida.


Paz.

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