
El sol comienza a decaer, el cielo es naranjo, naranjo furioso, naranjo imponente. Todos los pájaros vuelan quién sabe dónde, pero los veo muy decididos del camino que toman, los veo felices, los veo libres. A veces los envidio, me gustaría ser como ellos. No se tienen que preocupar de nada, no se enamoran, son libres, pueden volar cada vez que quieran. La vida perfecta a mi parecer.
Yo estoy acostada de espaldas sobre el pasto, mirando a los pájaros volar, deseando con el alma poder hacerlo...
Todo se vuelve blanco, una luz me sumerge, hondo, profundo. Estoy con ellos, ojos con ojos, estoy en las nubes, estoy en el cielo, puedo volar!, me siento como ellos, libre, feliz, afortunada. Desde aquí veo el pasto, está tan lejos, mi bolso está tan lejos, no me importa, prefiero perder todo lo que tengo, pero volar. Quiero volar siempre, para siempre. Aquí soy yo misma, aquí hago lo que quiero, de aquí soy y aquí me quedaré...
De repente siento que alguien me golpea suavemente en la pierna, despierto. Oh no!, toda esta fantasía era un sueño, me sentía tan bien allá arriba. No hubiera bajado jamás. Pero no importa, mañana volveré, me recostaré en la pradera y volaré con ellos, muy lejos, libremente sin preocuparme de la hora, de los deberes, de las reglas.
Paz.
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