Eran las 11 de la noche, la luz estaba cortada, creo que las cuentas no estaban pagadas. Afuera llovía y yo por la ventana veía el delirio que tenía el cielo. Me hundí en mis sábanas para tener un poco de calor, era invierno y el clima no era de lo mejor. Sonaba el tejado, la casa estaba oscura y vacía, no tenía nada de comer ni tampoco alguien que me hiciera compañía.
Escuché un ruido, me concentré para escuchar qué era y descubrí que eran relámpagos. Me aterran lo relámpagos, pero nadie lo sabía, sólo yo. Para no seguir oyendo todas esas quejumbres del cielo, cerré los ojos y comencé a pensar en mi vida, un tanto solitaria, un poco desgraciada pero al fin y al cabo, mi vida. Entre tanto pensar, meditar y recordar me dormí sin casi tener en cuenta el molesto ruido de los relámpagos, y tuve el sueño más hermoso de mi oscura vida.
Estaba yo en mi casa, sobre la cama, meditando o pensando tal vez, era todo tan blanco, había un gran resplandor, se sentía mi felicidad alrededor.
En mi claro sueño, estaba yo, sólo yo, como siempre ha sido, con un vestido largo y simple, blanco, resplandeciente. Me aproximaba por un camino imaginario a algo, algo bueno, algo perfecto, pero no sabia qué era, sólo veía blanco, blanco y más blanco.
Alzé mi mano para abrir la puerta que había en medio de la nada, pero algo me frenó, intenté salir del mágico sueño pero no podía. Mi subconsciente tenía más autoridad que yo en ese momento. Luego la respiración me comenzó a faltar, pero seguía viviendo, seguía soñando. En ese instante el alma era más fuerte, y por más que traté no pude salir de donde me encontraba.
No tuve más opción que abrir la puerta que estaba frente a mis ojos, asi que lo hice. Quedé perpleja cuando vi toda esa maravilla que estaba frente a mis ojos. ¿Cómo? fue lo primero que me pregunté, siempre estuve tan cerca de ésta felicidad, de todo eso tan perfecto y nunca me dediqué a buscarla. Por suerte mi querido subconsciente me mostró el camino a ella.
Cuando cruce el umbral a la felicidad absoluta sentí el pecho apretado y respiración ya no me quedaba. Intenté despertar pero no pude. Fue imposible.
Y de esa forma mi oscura vida terminó, mi cuerpo se quedó, y sólo mi alma obtuvo el vuelo a la felicidad.
Paz.
oh! qe lindo... lo ame!
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